miércoles, 8 de febrero de 2017
jueves, 26 de enero de 2017
Implosión
Tengo que dejarme ir de alguna manera, la primera es ésta... escribiendo sin revisar, dejando que los pensamientos se conviertan en movimientos en mis dedos y se consoliden en el teclado.
Tengo que dejarme ir porque ya no entiendo qué está pasando, cada vez me pierdo más: son más noches sin dormir, más días cansados y más ojeras y arrugas. No entiendo qué pasa, dónde es que todo mi mundo se volcó. Fueron meses, sólo meses de plenitud y claridad, meses con basura bajo la alfombra que me dejaban vivir en paz y -¿debería decirlo?- felicidad.
De ellos ya no veo siquiera la sombra, se han quedado en otro año; no éste, ni siquiera el pasado. Desde ahí he dejado de ser yo, he intentado de muchas formas reinventarme, reencontrarme o darle sentido al nuevo cascarón que sigue habitando. Sin embargo, no dejo de aceptar una nueva realidad; me he convertido en una observadora, una crítica de lo único que someramente puedo intentar entender, de mí misma. Público pasivo de una vida infausta.
Me doy cuenta que mis errores parecían tener sentido, uno de ellos es ser un puente, dicha cualidad observada con anterioridad era inofensiva pues las personas que se iban de mi camino no me eran trascendentes, pero en este punto donde personas importantes e irreemplazables para mí se unen entre sí y se alejan comienza a cobrarme factura. Extraña observación que se complementa con la bofetada de la realidad, yo soy completa y absolutamente desechable.
Me percato también que estoy en decadencia existencial, viéndome implosionar y sin poder evitarlo, cuestionando si en algún punto alguien puede tener la certeza de que ha tocado realmente el fondo o sigue escarbando.
En silencio, reprimiendo la voz.
Tengo que dejarme ir porque ya no entiendo qué está pasando, cada vez me pierdo más: son más noches sin dormir, más días cansados y más ojeras y arrugas. No entiendo qué pasa, dónde es que todo mi mundo se volcó. Fueron meses, sólo meses de plenitud y claridad, meses con basura bajo la alfombra que me dejaban vivir en paz y -¿debería decirlo?- felicidad.
De ellos ya no veo siquiera la sombra, se han quedado en otro año; no éste, ni siquiera el pasado. Desde ahí he dejado de ser yo, he intentado de muchas formas reinventarme, reencontrarme o darle sentido al nuevo cascarón que sigue habitando. Sin embargo, no dejo de aceptar una nueva realidad; me he convertido en una observadora, una crítica de lo único que someramente puedo intentar entender, de mí misma. Público pasivo de una vida infausta.
Me doy cuenta que mis errores parecían tener sentido, uno de ellos es ser un puente, dicha cualidad observada con anterioridad era inofensiva pues las personas que se iban de mi camino no me eran trascendentes, pero en este punto donde personas importantes e irreemplazables para mí se unen entre sí y se alejan comienza a cobrarme factura. Extraña observación que se complementa con la bofetada de la realidad, yo soy completa y absolutamente desechable.
Me percato también que estoy en decadencia existencial, viéndome implosionar y sin poder evitarlo, cuestionando si en algún punto alguien puede tener la certeza de que ha tocado realmente el fondo o sigue escarbando.
En silencio, reprimiendo la voz.
viernes, 30 de diciembre de 2016
Pláticas con mi yo feliz.
-No ha sido fácil.
-No, lo ha sido. No es sólo de mi parte, sé que lo hemos vivido distinto, pero sigue siendo difícil. Siguen llegando recuerdos.
-Pienso en eso. Ya no lloro con todos, hay algunos con los que sonrío. Lo único seguro es que todos los agradezco.
-Gracias.
-¿Volverás?
-Siempre estoy ahí.
-No, lo ha sido. No es sólo de mi parte, sé que lo hemos vivido distinto, pero sigue siendo difícil. Siguen llegando recuerdos.
-Pienso en eso. Ya no lloro con todos, hay algunos con los que sonrío. Lo único seguro es que todos los agradezco.
-Gracias.
-¿Volverás?
-Siempre estoy ahí.
miércoles, 28 de diciembre de 2016
martes, 27 de diciembre de 2016
lunes, 26 de diciembre de 2016
sábado, 10 de diciembre de 2016
Generalmente me daba más oportunidad de entenderme, esas distintas formas de pensar y esas ideas sin coherencia que llegaban. Ahora ya no sé , ya no entiendo nada. Este tiempo negro, con destellos luminosos que me han ayudado a seguir, pero siguen sin esclarecer qué está pasando. ¿Vivo rápido? ¿No le doy importancia a las cosas? ¿Algo tiene importancia?
La vida cada vez es más extraña, insabora. Quizá espero mucho de las cosas, quizá esperaba lo básico y todo cambió.
Quisiera ser solipsista y dejar de creer que algo fuera existe. Podría crear, crearme a mí mínimo.
La vida cada vez es más extraña, insabora. Quizá espero mucho de las cosas, quizá esperaba lo básico y todo cambió.
Quisiera ser solipsista y dejar de creer que algo fuera existe. Podría crear, crearme a mí mínimo.
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