viernes, 31 de marzo de 2017

Esa duda ...
¿Te parecere una persona grata?  Alguien con quien te es agradable y deseable estar ¿o me verás como alguien a quien aguantar de repente, si se dan las cosas? 

jueves, 23 de marzo de 2017

No es un sueño

De repente estaba ahí en ese terreno seco y agrietado. Todo alrededor opaco, quisiera ver algo con vida.

Mis pasos cada vez son más difíciles, uno a uno se torna más pesado y doloroso.
Siento que no avanzo,  por el contrario cada vez que intento moverme percibo como a mis pies algo se derrumba, como si donde piso se resquebrajara. Me da miedo voltear, esta parálisis es asfixiante.

Miro hacia abajo y el suelo sigue igual, con grietas y desniveles; veo con horror que son mis pies de los que queda poco. Intento más pasos,  pero se siguen desmoronando, todo es tan seco que sale polvo de mis piernas, duele pero no parece haber terminaciones nerviosas, sólo tierra; cada vez hay menos de mí.  Continúo, debo llegar... aún no sé a dónde, pero aquí no hay vida.

Quedan sólo dos tiras  bajo mi cadera y puedo sentir cómo se rompen.

Sólo me queda arrastrarme, aunque eso significa ir dejando pedazos de mí cada que me muevo. Quema y raspa.

Un centímetro, quizá 5; poco a poco me deshago y no avanzo más. Mi cabeza es lo último que queda, pegada al suelo, uniéndose a él.  Con los ojos ardiendo por el calor y la tierra que se le meten. Poco a poco la piel de las mejillas se cuartea y va cayendo, esas pequeñas oleadas de tierra me dejan ciega al fin, la lengua cae. Desaparezco.

En la nada,  aún me pregunto si puedo despertar. No es un sueño. 

miércoles, 8 de febrero de 2017


jueves, 26 de enero de 2017

Implosión

Tengo que dejarme ir de alguna manera, la primera es ésta... escribiendo sin revisar, dejando que los pensamientos se conviertan en movimientos en mis dedos y se consoliden en el teclado.

Tengo que dejarme ir porque ya no entiendo qué está pasando, cada vez me pierdo más: son más noches sin dormir, más días cansados y más ojeras y arrugas. No entiendo qué pasa, dónde es que todo mi mundo se volcó. Fueron meses, sólo meses de plenitud y claridad, meses con basura bajo la alfombra que me dejaban vivir en paz y -¿debería decirlo?- felicidad.

De ellos ya no veo siquiera la sombra, se han quedado en otro año; no éste, ni siquiera el pasado. Desde ahí he dejado de ser yo, he intentado de muchas formas reinventarme, reencontrarme o darle sentido al nuevo cascarón que sigue habitando. Sin embargo, no dejo de aceptar una nueva realidad; me he convertido en una observadora, una crítica de lo único que someramente puedo intentar entender, de mí misma. Público pasivo de una vida infausta.

Me doy cuenta que mis errores parecían tener sentido, uno de ellos es ser un puente, dicha cualidad observada con anterioridad era inofensiva pues las personas que se iban de mi camino no me eran trascendentes, pero en este punto donde personas importantes e irreemplazables para mí se unen entre sí y se alejan comienza a cobrarme factura. Extraña observación que se complementa con la bofetada de la realidad, yo soy completa y absolutamente desechable.

Me percato también que estoy en decadencia existencial, viéndome implosionar y sin poder evitarlo, cuestionando si en algún punto alguien puede tener la certeza de que ha tocado realmente el fondo o sigue escarbando.

En silencio, reprimiendo la voz.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Pláticas con mi yo feliz.

-No ha sido fácil.
-No, lo ha sido. No es sólo de mi parte, sé que lo hemos vivido distinto, pero sigue siendo difícil.  Siguen llegando recuerdos.
-Pienso en eso. Ya no lloro con todos, hay algunos con los que sonrío.  Lo único seguro es que todos los agradezco.
-Gracias.
-¿Volverás?
-Siempre estoy ahí.  

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Que raro es ser nada rayando el humo, como si pudiera transformarme 

martes, 27 de diciembre de 2016

Uff, la vergüenza que me ahorré: ya no me tocó verme como una imbécil.
¡Gracias, totales!