miércoles, 17 de marzo de 2010

La verdad es... 

Me siento extraña al comenzar con estas palabras. No puedo continuar sin cuestionarme el propósito, si tengo necesidad de decirla o siquiera si es que existe.

Pero ignoraré éstas dificultades filosóficas o pragmáticas, simplemente intentaré decir que la verdad PARA MÍ y para el mundo que conozco es que no existe absolutamente nada palpable que sea constante. Y pocas cuestiones abstractas podrían contar con esta cualidad, definiría solamente al tiempo en la categoría de la constancia (sin embargo, aquí eliminaría las categorías temporales existentes, ya que la duración de las horas, minutos, segundos o inclusive días se vuelven relativos a la sensación de quien los cuenta). Fuera de ahí, ninguna creación humana puede permanecer igual a como fue originada, ni en forma ni en función. Los recuerdos es el ejemplo más claro, son deformados de acuerdo a las necesidades imperantes en tal o cual momento por quien los guarda. Por ello aún me cuesta trabajo entender estas manías humanas por prometer amor eterno o años de compañía a otro semejante con las mismas características de inconstancia. 

Somos salvajes que dominamos un idioma (bueno, sólo conocemos de forma somera), salvajes que nos movemos con motivaciones más instintivas que intelictivas; los que se esfuerzan por mantener el estatus racional no tardan en caer en una neurosis (trastorno de personalidad, para que suene mejor ¿cierto neo-freudianos?). Somos salvajes dominados por animales más feroces con máscaras blancas, sonrisa brillante y discurso coherente. La coherencia se ha vuelto una meta desde que comprendimos que la única forma de adaptarse es creernos necesarios ante los demás.

Las personas tenemos una tendencia hacia la autodestrucción tan marcada que creamos objetos de autoengaño, con los que decimos que prosperamos pero sólo sirven para eliminarnos, bien sea a alguien más o a nosotros mismos. Del primero sería casi redundante hablar de las armas, del segundo existe una gama inmensa de dónde elegir, pero por cuestiones de espacio (y ganas) sólo mencionaré la tan alabada, difundida y utilizada cajita mágica, el medio más poderoso de control, la Televisión, que no sé si por odio a nosotros mismos o falta de interés, pero los ratings de audiencia más elevados se encuentran en los programas más inútiles, desinformativos ó en aquellos que sólo son un paleativo ante una vida llena de vacíos.

La humanidad, vista como organismo vivo (ya que se mueve como tal, con las mismas incongruencias que cualquier humano), se ha vuelto una masa tan egocéntrica que cerró los ojos ante su hábitat y ante el miedo a la inminente extinción, decidió dejar su huella de la forma más grotesca que se le ocurrió, robando la vida a todo lo que nos rodea. Exterminando especies, contaminando el agua, el aire, la tierra, dejando desperdicios que seguirán estorbando aún después que nosotros nos hayamos ido.

Ahora levantaría la cabeza y preguntaría al que ideó todo esto, ¿este era el plan?


¿Y todo este texto para qué? Simple, necesitaba una froma de deflectar un problema cotidiano, necesitaba urgentemente algo que me hiciera evitar sentir este vacío ante el darme cuenta que todo ha cambiado... y no había nada interesante en la T.V.

1 comentario:

Jazmin dijo...

Por ello aún me cuesta trabajo entender estas manías humanas por prometer amor eterno o años de compañía a otro semejante con las mismas características de inconstancia.
Me llamó la atención este párrafo ya que es algo que yo me pregunto cotidianamenete. Cómo podemos jurar amor eterno cuando no podemos estar seguros de quién seremos mañana. Al igual que todas las cosas en la vida, nuestra mentalidad es efimera, quiero decir: constantemente cambiamos, ya que lo que nos rodea tambien lo hace, debemos movernos en conjunto. El amor dificilmente pueda ser eterno por estos motivos, asi que por que no mejor jurar que amaremos hasta el cansancio, que amaremos dando todo nuestro efimero ser, que amaremos tanto como podamos y lo disfrutaremos mientras dure. Por qué tendemos a hacer promesas que ni nosotros nos detenemos a analizar?
Por qué no buscar un poco de coherencia en la abstracción que vivimos?
Mi humilde opinión.
Saludos :)