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lunes, 5 de septiembre de 2011

De sentidos y esperas

¿Has probado la desesperación? Deja un sabor en la boca como el de una moneda o tubo de camión; no, no es que coma monedas o lama tubos, pero alguna vez después de tocarlos tuve el infortunio de llevar mi mano a la boca, no preguntes por qué. Sí, sé que suelo divagar; sólo quiero saber si has sentido ese sabor, que a pesar que ya no lo tengas en tu lengua sigue persistente, tal vez por mera sugestión. 

Jamás imaginé que la espera tuviera sabores, mucho menos algún tipo de olor, pero los tiene. Si me preguntas, no todas las veces son desagradables, a veces la espera es deliciosa, es dulce o con un sabor ácido... ¿recuerdas cuando llegaste a tu primera cita? Si todavía no estaba a quien verías, el estar sentado mirando a todos lados es sumamente rico. Casi detectas el aroma frutal que desprende el tiempo.

Sin embargo la desesperación, la impaciencia y la angustia (si hablamos de ella en un sentido coloquial), vaya, esas sí que dejan mal sabor, casi ni dan ganas de hablar después de sentirlas ¿qué tal si alguien más percibe el olor de tu boca? Debe ser desagradable (para ambas partes).

Recordemos que hay solución para todo, por ello es que siempre cargo con pastillas de menta.

martes, 9 de agosto de 2011


Antes eras silencio. Calma.
Eras tranquilidad, sin más, no faltaba más.

Antes veía tus ojos, profundos; antes satisfacción.

Ahora eres completamente, tú, éxtasis.
Ahora no me falta, pero quiero más.

jueves, 7 de julio de 2011

Aquella sensación que comienza en el esófago, inexplicablemente, y continúa ahí durante un rato, revolcándose.

A partir de aquí existe una gran cantidad de posibilidades; miedo, ansiedad, emoción, alegría intensa, náuseas, tristeza, vacío ?

Aquella sensación que surge sin previo aviso y que nos grita que algo viene y nos 'recomienda'  prepararnos para recibirle. 

¿Atender o dejar pasar? La respiración se agita aunque lo indicado es hacerla más profunda, la boca se seca y las palabras se amontonan en un remolino de ideas que terminan filtrando sin-sentidos a la hora de expresarse. Y ahí estás, mostrando una cara que claramente no es la tuya, es un tanto más torpe de la real, pero natural finalmente.

Aquella sensación en el esófago que me recuerda cada día lo nuevo que es.

martes, 1 de marzo de 2011


Qué hay de mí si no es una foto a medio quemar o una melodía inconclusa que está fuera de tono.

Hoy sólo tengo fuerza en los labios para permanecer callada y fijeza en la mirada para ver hacia dentro de mí misma.

martes, 25 de enero de 2011

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Lloraste veneno que yo absorbí, en cada beso saboreé mi destrucción 
y no me arrepiento, pues sólo así pude nacer...


Cada comienzo duele más que el anterior.


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Imagen: Bosquejando, junio 2010

sábado, 11 de diciembre de 2010

Dormí toda la tarde, sin intención siquiera de despertar. Abría los ojos y me esforzaba por volverlos a cerrar. 

Durante sesiones, algunas pacientes describen sin querer el punto clave de la depresión 'me encierro en mi cuarto, me cobijo y me doy la vuelta' Hoy así me sentí, tal cual, sólo dándole la espalda a la realidad, esforzándome por no verla, no saber nada de ella. ¿Razón? Ninguna; ni hormonal, estacional o ambiental. Sólo cada vez cualquier peso me parece más difícil de llevar

Es natural, a veces. La vigilia no es para todos.





Imágen: Exposición de Mafalda, Guadalajara, Abril 2010

jueves, 18 de noviembre de 2010



Corre el tiempo.
Miento, corremos para no sentir su transcurrir, pero el tiempo no corre... ha aprendido a tener calma. 

Y yo no me calmo, no al verlo tan tranquilo. 

Él pasa tan monótono, yo me desespero y me desgarro las vestiduras intentando encontrarle sentido.


Solo encuentro que ya ha pasado.

sábado, 18 de septiembre de 2010


Como para encontrarle tres pies al gato.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Teje y miro, Miro y teje






Una pequeña araña teje en una esquina de mi cuarto. 

Dedicada, concentrada, teje y teje en una esquina oscura. 
Se percata que la miro y se paraliza, finjo que me volteo y ella teje y teje.
La araña es dedicada y termina su obra.



Termina su obra, yo no siento el tiempo. 
La telaraña ya lleva meses en la misma esquina de mi cuarto. 
Yo sigo mirando, pero ya no está la araña. 
La telaraña lleva meses y ya no es blanca, ahora tiene un tono grisáceo.



Yo sigo mirando, pero ahora todo lo veo grisáceo.
Otra pequeña araña comienza en otra esquina de mi cuarto. Teje y teje.
Me da comezón el tono grisáceo de mi cuarto, pero yo sólo sigo mirando.

miércoles, 15 de septiembre de 2010



Me llegó de improvisto tu aroma. 
Excepcional.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Palabras más, palabras menos.



Es como una tortuga morada en paracaídas. 


Cae lento y nadie sabe por qué lo hace.

miércoles, 1 de septiembre de 2010


Miré a la del espejo. 
Soltó una carcajada.
Yo no gesticulé, miré.

¡Qué simpática! 
Creyó que de nuevo me lastimaría.




martes, 24 de agosto de 2010

Pensaba y pensando se me fue la madrugada. Giraba y me enojaba con mi almohada, la aventaba para luego apresurarme para abrazarla y pedir disculpas, es como si tuviera vida; la verdad me alegra que no sea así, si no sabría tanto de mí que sería un peligro.

Pensaba y me acercaba a la ventana con la ilusión de que al ver todo tranquilo afuera me motivara a dormir, pero sólo escuchaba el viento golpear las ramas de los árboles, un leve silbido que se inmiscuía por mi ventana y eso bastaba para imaginar mil historias de sus caminos ¿cuántas personas no estarían igual que yo viendo a la ventana en mi calle, en la colonia o en el país? Tantos pensamientos y tan pocas respuestas.

Y me recosté de nuevo, esperando por fin calmar las voces que mi pensamiento dirige (comienzo a pensar que es al revés). La mirada es muy perdidiza, suele enfocarse y dejar de enviar información al occipital, o mejor dicho ya no le tomo importancia y me pierdo en las ideas.

Quisiera que estuvieras aquí. Sé que no necesariamente estaríamos hablando, quizá estarías ya durmiendo, pero me gustaría verte de nuevo con esa calma que inspira tu cuerpo dormido, sólo acariciaría tu espalda y me pasarías parte de tu tranquilidad.. tal vez murmurarías algo, tal vez sólo suspirarías y ahí estaría yo para escucharte, para ilusionarme con la idea de que sueñas conmigo. Para sentirte en la oscuridad.


Pensaba y pensando se me fue la noche, ya era de mañana y al fin pude dormir.

jueves, 12 de agosto de 2010

No correré a buscar un rostro que en mis recuerdos se va difuminando cada vez más. Pasa el tiempo y ya no logro recordarte totalmente. 

Recuerdo muy bien tus ojos, no me canso de verlos parpadear con esas pequeñas arrugas que se formaban debajo... creo que lo hacías cuando reías. Logro recordar casi cada marca de tu pupila, tu brillo y esas venitas que se recalcaban cuando te desvelabas. Tu mirada que seductora guiaba mis pasos algún día dejó de verme y comencé a tambalear por el camino, recuerdo que sentí destrozarme cuando por causa mía tus ojos se humedecieron, aquella gota que se fue acumulando poco a poco fue el golpe más brutal que pude hacerte y el golpe mortal que yo misma me hice, sin tocarte destrocé mi futuro.

También recuerdo tu sonrisa. Sí, tus labios que ni gruesos ni delgados eran expertos en todo lo que hacían, ya sea que se tratara sólo de insinuar una sonrisa o seducir inocentemente al que pasara cerca y se paralizara con tu belleza. Eran rosas y húmedos, invitaban a besarles y a la vez pedir perdón si aquel beso pervirtió de alguna forma tal perfección. Reías y alrededor nos contagiábamos con tal virtud que en ese momento en que algo te causaba alegría sentía como si tuviera un contacto divino. Tus besos, no tengo palabras suficientes para describirlos, me subieron al cielo y me traían gloria cada uno, gracias a ellos conocí la eternidad, me arrebataron el aliento para darme nuevo aire. De repente tus labios comenzaron a secarse, ya no eran rosas y ya no reían, si acaso intentabas bosquejar una sonrisa las grietas se expandían destrozando su belleza, su matiz blanquecino ya no guardaba las palabras precisas y poco a poco dejó de guardar siquiera las imprecisas. Tus dientes ya no se asomaron a la luz, ya no dijeron nada sobre nada. No después que suspiraste y diste media vuelta para no regresar jamás.

De tu nariz recuerdo ciertas muecas y unas pequeñas pecas casi imperceptibles, las noté mucho tiempo después de conocerte, cuando estábamos frente a frente a menos de un suspiro de distancia. La arrugabas con ciertos olores, algunos incluso eran agradables (decías), pero exagerados. Tu perfil era tuyo, perdona lo burdo que esto pueda parecer, pero jamás confundiría esa silueta con la de alguien más, era único.

Tu piel, si hubiera sido perfecta estaría segura que fuiste un obsequio para los mortales, pero no. Tu piel era perfecta para mí, tenía sus arrugas y lunares varios, tenía cicatrices y definitivamente tenía historia. No saliste de un sueño, aunque te apropiaste de todos los míos. Tu piel era un lienzo, al cual intenté convertir en obra maestra con mis besos, era un mapa que me guiaba a tu éxtasis y al mío. Era suave, tan suave que las sábanas de seda eran una grosería para ella. Dulce. Era la peor droga a la que pude engancharme en mi vida, y vaya que lo he hecho. Tu piel bajo las caricias de la lluvia o la regadera me llevó al delirio, a perderme en fantasías momentáneas. Me abrazabas y yo explotaba en una embriaguez única.

Y tu cabello, jamás veré una mejor ornamenta para un cuerpo desnudo como la que se desprendía de tu cabeza. Ni la marea podría imitar la perfección física de cada bucle, ni Miguel Ángel mismo podría igualar los colores y el brillo que cada uno de tus cabellos tenía. 


Tengo tu voz aún presente. A ella me aferro aunque mi vida se vaya en entenderte, ¿cómo ignorar lo que me decías sobre seguir el camino juntos hasta el fin? Cada promesa la recuerdo,  aunque ahora me doy cuenta que me advertías sobre tu adiós, cuando se quebrantaba tu timbre, cuando murmurabas y no repetías. Las señales ahí estaban, pero fui sorda para no responder a tu despedida.



Verás, aunque recuerdo cada parte de ti a la perfección, cada milímetro aislado de tu cuerpo, ¡no logro recordarte totalmente! No puedo unir las secciones para hacerte un todo, como si las piezas de mi rompecabezas no encajaran. Tal vez ahora puedo creer lo que pensé en esos momentos, esos breves años de embeleso total a tu lado, exististe sólo mientras te abrazaba, mientras te besaba y mientras sonreías. Sólo fuiste real cuando me contactaste, después desaparecerías. No serías nunca un rostro más en la memoria, una cara más de un álbum para desvirtuar.

No correré jamás a buscarte porque desapareciste, tan fugaz como un sueño. No te buscaría porque aún no logro entender si es que apenas voy despertando o es que me acerco a no despertar jamás.

jueves, 5 de agosto de 2010

Y escribía



Y ella escribía. Primero en su cuaderno que se llenaba de tinta, la fuerza en el trazo era la prueba física de su herida. No le basto, no entendía todas las letras que salían de su mano vibrante, eran tantos los intentos de borrar palabras que al final no quedo un ensayo coherente.


Se sentó, pues, frente a su computadora, la impaciencia le ahogó mientras el programa arrancaba, movía su bolígrafo de arriba a abajo insistentemente sujetándole con su pulgar e índice. Se detenía sólo para seguir llenando hojas en su cuaderno, de algunas palabras medio legibles y otras que tachaba con furia. Cuando por fin tuvo la oportunidad de teclear sus pensamientos lo hizo de tal forma que el sonido del teclado taladraba el silencio de la habitación, eran sus dedos como martillos; golpeaban las letras esperando plasmar aunque fuese la mitad de las ideas que le pasaban cada minuto. Las incoherencias de lo que lograba recapitular le enfurecían más que el darse cuenta que eran las mismas que pensaba.


Entre frases como 'extraño el mundo' o 'sirvientes del deseo' pronunciaba lo que para ella le ayudaría a entender su triste realidad, realidad decidida por y para sí. No lloraba, de hecho, fuera de la actividad exacerbada de sus manos, no mostraba ninguna emoción en el resto del cuerpo, como si fuera ajena a ese armamento corpóreo. 


Escribió y escribió, no veía el teclado ni la pantalla, sólo se dejó llevar. Ya no sabía qué esperar de nada, escribió sin esperar, escribió sin saber. Escribía sobre ella, escribía sobre nada y escribía sobre ayer. Aún le parecía presuntuoso escribir sobre mañana. Escribió diez páginas para luego borrar siete, no las leyó, pero intuyó que no tenían nada de valor. Luego repitió lo escrito, pero con un toque diferente.


Se sintió satisfecha algunas horas después, la luna ya no le acompañaba y su piel lucía notoriamente diferente a la que llegó horas antes a sentarse frente al monitor, tenía ojeras y las arrugas de su frente ahora eran más pronunciadas. Sus labios blanquecinos se agrietaron como si no esperaran que bosquejara una sonrisa de nuevo. Aún tenía la intención de escribir, pero ya no veía la necesidad, estaba terminado.


No revisó. Sintió que todo estaba listo. No había más por hacer, sólo seguir. Apagó su computadora, nadie sabría lo que esa noche le hizo escribir, nadie sabría más de ella. Abrió la puerta y salió, la luz exterior era tan intensa que no aguantó, simplemente cayó. Jamás despertaría. 


Nadie sabría.






Cambian los medios, no el fin.
Todo se mueve para un fin.
Nos dirigimos al fin.

sábado, 19 de junio de 2010

Caminando entre piedras


A veces sólo me gusta caminar entre piedras, aunque un camino cercano sea más sencillo de atravesar. 

Es inherente a mí, cuando era niña me gusta buscar en el árbol las ramas más difíciles para subir por ellas, no por las que todos subían, no le encontraba sentido.

Camino donde sé que habrá piedras para que pueda caer, pero al mismo tiempo me ayuden a levantar. Camino entre ramas, basura y personas caídas. Camino y me duelen los pies porque me quito los zapatos ¡me ahogan!, algunas espinas ya encarnaron en mis plantas y el lodo comienza a formar calzado natural. Me golpeo con las piedras y me arañan las más filosas. La sangre se conjuga con el lodo y lo endurece aún más. Duele pero me recuerda hacia dónde voy.


A veces llego a un río donde enjuago mis pies, donde dejo esas marcas del camino, quisiera decir que el agua se lleva todo lo que sobra, que mis pies quedan de nuevo como antes, pero no; en realidad están llenos de llagas, heridas aún abiertas y algunas costras. Son distintos a los que comenzaron el viaje, ahora se les ve cansados.


Es en este punto de descanso, cuando siento fluir el agua entre mis pies, que doy una mirada atrás, a veces pienso si no sería mejor regresar por el camino ya labrado por alguien antes que yo, un camino fácil de recorrer, sin obstáculos, por ese que todos han caminado y no les produce conflictos. Sería simple, no necesitaría si no recorrerlo y que me lleve por donde tenga que ir, lo malo es que llegaría a donde ya están todos... con sus caras tristes, vacías, sin la chispa del comienzo.


A veces me imagino que me quedo aquí sentada durante días, meses, años y bajo el agua comienzan a salirme raíces que llegan hasta el fondo, mis piernas se funden con el suelo y comienzo una transformación, me petrifico, me convierto en árbol. Como mi madre decía, los árboles deben morir de pie.


Lo imagino y siento como cada músculo endurece lentamente. Pero no podría engañarme, no puedo quedarme aquí, no después de lo que ya he avanzado. Sería un suicidio, una derrota sin vencedor. Sería llegar aún más rápido a donde no quiero estar.


Por ello me levanto, me sacudo y comienzo de nuevo el viaje; no diré si voy  motivada o no, es durante la marcha  que comienzan a surgir los para qué que me guiarán. He entendido que enfocarme en los por qué hasta ahora me había petrificado. Ahora viviré atendiendo al cómo y al para qué de éste camino que he elegido.


Y aunque se abran más mis heridas y siga infectándome con la tierra y la basura que se adhiere a mis pies, al menos tengo la certeza de que es tierra única que nadie más ha pisado... al menos puedo decir que es mi tierra.

sábado, 29 de mayo de 2010

Tragando Ideas


A veces encarno ideas. 

Las mastico tanto y las tengo tan cerca de expulsarlas (de vomitarlas)... que me arrepiento al sentir que las puedo perder. Y simplemente las trago, no con la intención de digerirlas, si no como en una fijación de alguna etapa infantil, soy egoísta... aunque termino dando todo lo que soy.

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Ayer tuve una sensación extraña. Lo único que pude hacer fue cerrar el cinturón de seguridad y arrancar. No te inmutó y raramente tampoco a mí, todo continuó. 

El silencio me ayudó, por primera vez. Lo aguanté y me tragué todo, el nudo de la garganta no se formó por lo que no podía dejar salir, si no de palabras y palabras que tragué al mismo tiempo cuando estaban a punto de escapar. E insisto, no es por digerirlas, porque regularmente una vez que las trago las olvido, a veces me indigestan con ideas deformadas de los hubiera. Pero en la mayoría de los casos desaparecen, son contadas las que años después regresan con una lágrima para decirme que pudo ser mejor. Sólo es cuestión de volver a tragar.

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Definitivamente es mejor sólo guardar silencio e ignorar. Sé que profeso que no hay mejor autoterapia que el expresarse con el ser íntegro, dejarse sentir totalmente. Pero hay una gran diferencia entre lo que se dice y lo que se hace.  No espero que se me juzgue de incongruente, sólo con cierta (diminuta) incapacidad de llevar a lo práctico lo teórico. Sólo actúo distinto, original para al menos ser coherente con otra cosa de las que uso como guías.

 
En el silencio te veo llegar

Entonces, tuve mil palabras que en línea saldrían libres para darte un mensaje seguramente malinterpretado, opté por respirar hondo y dejar que mi mirada se clavará en un punto muerto. Seguí adelante y todo pasó. Las ideas emergen y se desintegran con la misma facilidad, claro después de un tiempo de practicar arduamente para lograr que no calen.

Aunque en su mayoría estando dentro encarnan, creo que son parte de mí ahora, si bien no las sigo y no las comparto, al menos las llevo a todos lados como recuerdos, como sensaciones, como evasiones. Al fin, son sólo ideas, son mi yo ¿Cómo despegarme de eso?

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Imagen 1. Caída, llegada.


sábado, 1 de mayo de 2010

En la esencia

Una moda que surgió de la red social más difundida en el mundo facebook actualmente me hizo buscar en mis viejos álbumes entre las imágenes de mi infancia para añadirlas al perfil, mi cara al mundo.

Es extraño pensar en todo lo que ha cambiado (tanto en mí, como a mi alrededor), aunque cada 'cambio', por decirlo así, no es más que una respuesta lógica a factores causales que ocasionan estas nuevas formas de ver la vida, de actuar en ella y de adaptarla para nosotros. Bien lo dice la canción, soy rebelde porque el mundo me hizo así, ¿cierto?

Sí ahora me gusta más el rojo que el azul tal vez es porque lo vistió alguien importante en un momento importante; si prefiero los sabores dulces es por los anclajes que estos tienen; si prefiero la montaña al mar tal vez es que en el frío todo tiene más sentido. Cada preferencia es resultado de experiencias que me marcaron en un momento determinado.



Pero en esencia, somos los mismos. Soy la misma.

Lo he dicho, somos en realidad una estructura osea forrada de plastilina. Cada persona que nos encontramos en nuestro camino de vida va añadiendo un poco de su plastilina al contactarnos, de la misma forma como nosotros dejamos una parte de nosotros en su cuerpo. Por eso crecemos y adoptamos distintas posturas, gestos, palabras; porque el peso de algunos contactos tiene más relevancia que otros.



Y vamos aprehendiendo de la esencia de cada persona, de algunos más que otros; sin embargo, bajo todo lo que se nos ha añadido, seguimos siendo nosotros, esa pequeña escultura dispuesta a la lucha del día a día. Los cambios son meramente superficiales... ninguno rasca en lo profundo. Soy la misma niña con ojos abiertos, esperando por alguna sorpresa, con una sonrisa que no teme mostrarse y que al hablar intenta decir la verdad.


 Por ello agradezco permanecer con ciertas actitudes que cualquiera tacharía de infantiles, soy yo, sin bajar la frente. Sólo inflando el chicle esperando que truene. Todo truena.






Imagen 1. Chica fiesta. Desde pequeña se me veía lo happy. Tomada por mi madre.
Imagen 2. De coqueteadas. Tomada por mi madre.
Imagen 3. Sorpresa. Lo que me sobra de ojos lo tengo en esperanza. Tomada por mi madre.
Imagen 4. Chica chiclosa. En el tutelar así me dijo una secretaria. Autorretrato.

lunes, 26 de abril de 2010

Visiones vespertinas


Las ranuras en la pared cada vez crecían más y más, se alargaban, como rasguños de furia, finos y profundos. Comencé a notar que el corazón que ahí se escondía, camuflado como grieta, comenzaba a palpitar, se ocultaba sólo la mitad... ¿o es que sólo la otra mitad quería ser vista? Tal vez era un llamado de auxilio ... y al fondo, un rostro, bueno un perfil para ser más exacta, pálido... con un gesto indescriptible. 

En primera instancia le sentí tímido, pero vi que su parpado cerrado posiblemente actuaba como represa para una lágrima. La boca temblaba, como el resto de la pared. Había algo por decirse, pero no se acumuló el valor.

Le seguí observando, al tiempo que te escuchaba al teléfono cantándome, elevándome por la fantasía y dándole vida a esa pared que el tiempo ha marcado indeleblemente. Los rasguños seguían alargándose, pero al mismo tiempo podía ver que no iban a ningún lugar.

Después noté que el perfil no era tan inocente como había creído. La boca dibujaba una sonrisa torcida, tal vez se dio cuenta que había caído en su manipulación silenciosa y estaba feliz con su obra, con el creer en su fragilidad inventada. Ante esto vi cómo las grietas se profundizaban más, sacando a relieve pequeños pedazos. Todos, a pesar de que venían de la misma pared, tenían texturas distintas... la que más se aproximo a mí era tosca, granulosa y sentía que podía lastimarme. El matiz ambiental también se iba modificando, podría decir que dependía de lo que tu voz marcara. Tu tonalidad, tu fuerza... en las pausas todo paraba de crecer y de bailar en la pared. Suavizabas y sentía el terciopelo... ¿o acaso fue tuyo?.








No importa que cambie, no importa que ausentes. Somos tú y yo. Lo siento... y te siento. Gracias.


Elevémonos por ese viaje sin fin... donde sólo volamos si sentimos caer. Te amo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

La verdad es... 

Me siento extraña al comenzar con estas palabras. No puedo continuar sin cuestionarme el propósito, si tengo necesidad de decirla o siquiera si es que existe.

Pero ignoraré éstas dificultades filosóficas o pragmáticas, simplemente intentaré decir que la verdad PARA MÍ y para el mundo que conozco es que no existe absolutamente nada palpable que sea constante. Y pocas cuestiones abstractas podrían contar con esta cualidad, definiría solamente al tiempo en la categoría de la constancia (sin embargo, aquí eliminaría las categorías temporales existentes, ya que la duración de las horas, minutos, segundos o inclusive días se vuelven relativos a la sensación de quien los cuenta). Fuera de ahí, ninguna creación humana puede permanecer igual a como fue originada, ni en forma ni en función. Los recuerdos es el ejemplo más claro, son deformados de acuerdo a las necesidades imperantes en tal o cual momento por quien los guarda. Por ello aún me cuesta trabajo entender estas manías humanas por prometer amor eterno o años de compañía a otro semejante con las mismas características de inconstancia. 

Somos salvajes que dominamos un idioma (bueno, sólo conocemos de forma somera), salvajes que nos movemos con motivaciones más instintivas que intelictivas; los que se esfuerzan por mantener el estatus racional no tardan en caer en una neurosis (trastorno de personalidad, para que suene mejor ¿cierto neo-freudianos?). Somos salvajes dominados por animales más feroces con máscaras blancas, sonrisa brillante y discurso coherente. La coherencia se ha vuelto una meta desde que comprendimos que la única forma de adaptarse es creernos necesarios ante los demás.

Las personas tenemos una tendencia hacia la autodestrucción tan marcada que creamos objetos de autoengaño, con los que decimos que prosperamos pero sólo sirven para eliminarnos, bien sea a alguien más o a nosotros mismos. Del primero sería casi redundante hablar de las armas, del segundo existe una gama inmensa de dónde elegir, pero por cuestiones de espacio (y ganas) sólo mencionaré la tan alabada, difundida y utilizada cajita mágica, el medio más poderoso de control, la Televisión, que no sé si por odio a nosotros mismos o falta de interés, pero los ratings de audiencia más elevados se encuentran en los programas más inútiles, desinformativos ó en aquellos que sólo son un paleativo ante una vida llena de vacíos.

La humanidad, vista como organismo vivo (ya que se mueve como tal, con las mismas incongruencias que cualquier humano), se ha vuelto una masa tan egocéntrica que cerró los ojos ante su hábitat y ante el miedo a la inminente extinción, decidió dejar su huella de la forma más grotesca que se le ocurrió, robando la vida a todo lo que nos rodea. Exterminando especies, contaminando el agua, el aire, la tierra, dejando desperdicios que seguirán estorbando aún después que nosotros nos hayamos ido.

Ahora levantaría la cabeza y preguntaría al que ideó todo esto, ¿este era el plan?


¿Y todo este texto para qué? Simple, necesitaba una froma de deflectar un problema cotidiano, necesitaba urgentemente algo que me hiciera evitar sentir este vacío ante el darme cuenta que todo ha cambiado... y no había nada interesante en la T.V.