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martes, 3 de enero de 2012

Quiero ser esa hoja que acepta el rocío y lo embellece. Que muda observa. Que silenciosa se agita con la brisa, no se aferra.

Quiero ser esa hoja que cae del árbol sin temor al qué pasará, dejarme llevar un poco por ti, viento; dejarme llevar por ti, destino. Bailar sabiendo que caeré, bailar y permanecer por mí misma entre el árbol y el suelo.

Quiero dejarme arrastrar y perfumarte, a ti, viento.
















Imagen rescatada de: paraquemecomplico.blogspot.com

martes, 4 de octubre de 2011

Hay días y días.

No es que busque decir algo profundo, mucho menos si recurro a clichés, solamente que esos clichés de repente toman sentido para mí. Hay días y días, algunos buenos, otros que quisieramos borrar y otros que simplemente pasaron sin dejar nada (tal vez una arruga). Hoy fue un día, uno más. Hoy marco un día menos en el calendario que por cierto no tenía compromisos escritos. Hasta en televisión vi lo que ya había visto. Toqué en la guitarra lo que diario toco y visité los mismos sitios en internet.

Hoy pensé en ti, pero también en ello encontré cierta costumbre. Pensé que tal vez en el silencio escucharía tu voz, pero no. Y pensé que los tacos de barbacoa deberían acompañarse con rábanos. También pensé en tu regalo, no quiero usarlo aún, pero cuando lo haga sé que estarás presente.

Hoy llueve y hace demasiado calor. Definitívamente soy de clima frío. En este momento pensé en un mapache, sólo apareció y se fue, seguramente buscará comida. No sé si buscar sentido en este texto sea lo correcto, aunque temo que al hacerlo me decida por borrarlo todo. Y bueno, eso no cambiará nada.

Imagina un hongo morado, se expande y se contrae, se agita con el viento y gira. Se siente libre, hasta que el mapache lo aplasta. No tiene sentido alguno, pero ¿quién me podría afirmar que eso no pasó en realidad? Tal vez era una nueva especie de hongo, y como el mapache lo aplastó ya no podrá reproducirse, más porque el mapache aspiró todas las esporas que soltó el hongo en cuestión, estornudó. Ahora todo lo ve psicodélicamente.

Una hoja se deja llevar. Cae, pero lentamente... casi imagino su cara de indiferencia (vaya, si tuvieran cara.. vamos, si las hojas pudieran hablar! el árbol sería un caos como China), no intenta evitar lo inevitable, es buena filosofía de repente. Aunque una muy aburrida. Tan aburrida como ver unos engranes. Si viera una pared blanca me divertiría más, mi imaginación la pinta, ¿pero unos engranes? Mismo ritmo, misma figura.

Toda mi vida pensé que cuando tomara excesivamente por primera vez vería elefantes rosas bailarines. Aún no lo logro, lo he intentado y no pararé. Puede ser un jazz o rock, no importa, siempre y cuando no perreen, creo que si lo hicieran me quedaría en el viaje. Las rastas no se me verían mal.

Quiero pensar más en ti. Quitando de lado la cursilería, eres el mejor tema que tengo. Mi persona favorita.

¿Alguien lo leerá? Bueno, al menos alguien lo escribió que ya es algo.

domingo, 29 de agosto de 2010

De un amor enfermo


De no ser por esa noche, nada sería lo mismo. O eso quiero creer.

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Las líneas de la carretera pasaban rápidamente por entre las llantas. El zigzag que mis sentidos me permitían formar al conducir le hacía gritar azarosamente y yo ya no sentía el miedo, sólo la incertidumbre por el 'qué pasaría'. Aún recuerdo el sonido que las hierbas de los lados de la carretera hacían al golpear el auto.

Llegamos por fin a la casa de aquél rancho, hecha de adobe, fango y sudor de mi abuelo, tan percudida como la recordaba. Me vio con los ojos llorosos, ahora no podría asegurar si era por el camino o por la conversación previa. La noche era húmeda y un gallo cantaba, aún la luna seguía en su cúspide, el viento nos dio la bienvenida haciendo bailar a mi falda en cuanto me bajé del auto, un modelo clásico (así aprendí a decirle para no sentir que era viejo).

Ya eran dos horas en las que no nos dirigimos la palabra, ¿cuánto más podrías aguantar para estallar? Abrí la puerta y rechinó, si hubiera vecinos sentiría que comenzarían sus juicios y especulaciones sobre dónde estábamos y por qué llegábamos a esa hora. Yo llevaba en el pensamiento mil y un planes, mil y una formas de llegar a lo que llamaba solución, pero necesitaba de ti, algo que me incitara a cumplir la promesa de dejar todo en el olvido, lo que hice fue para mí y ya, un nuevo comienzo. 

- Esto no puede seguir así- Acertaste a decir, aunque estábamos de espaldas pude escuchar el llanto en tu voz temblorosa y eso me permitió sonreír, soy cobarde y lo sabes. 

- Yo nunca te mentí, jamás me glorifiqué con cualidades inexistentes ni te prometí fidelidad- Respondí intentando mostrar seriedad, siempre me he excusado de ésta forma y hasta a mí misma ya me había aburrido, pero no puedo quitarme la costumbre de creerme las justificaciones que labro.

- ¿Y qué sigue? ¿Terminar? Te prometí que no te dejaría tomar la salida fácil, pero ahora no sé qué quiero- En este punto ya no me mirabas a los ojos, pero tampoco tenías mirada baja, veías a un punto en el cielo. Había imaginado este momento, pero jamás pensé que sería en este viaje, no en la casa en la que pasé temporadas completas en mi infancia. Todo tenía un sabor exquisito, un sabor de culpa, pero sin máscaras. Como cuando un niño le confiesa a sus padres que reprobó una materia, pero hasta que están en la playa y no pueden privarle (significativamente) de su diversión.

Y ahora comenzaría el espectáculo.

- ¡No!... no nos hagas esto, todavía nos queda mucho por vivir, esto no ha terminado para nosotros- Quise adornar este diálogo con lágrimas, pero no me salieron, así que opté por sólo respirar de manera agitada.

- No nos hago nada, tú lo hiciste en el momento que olvidaste mi nombre por estar en su cama y yo ya no pienso cargar con tus discursos insensibles, no más-.

La conversación se alargaba y yo sólo pensaba en dormir, ¿a qué hora cederías como lo tenía planeado y podríamos tener la reconciliación acostumbrada? Sólo hacías esto más difícil. Cuando dejé de escuchar lo que decías recobraste mi atención al mencionar aquellas palabras

Esto es todo, no es parte del juego que esperabas que jugáramos esta noche, yo ya dejé ese rol. No soy quien te levantará más de tus caídas. Me harté. Yo seguiré con mi vida, tú seguirás soñando que también lo haces. Adiós.

 Aún quería pensar que era alguna improvisación del plan, por eso no te detuve, el sol ya había salido y te vi caminar por el camino empedrado, sentí algo raro en mi pecho cuando ya casi no podía distinguirte del paisaje, un vacío o un grito que quería dar, pero no pude, nunca lo había sentido y no me gustó. Sólo callé, esperando que regresaras, tu despedida definitiva no era parte de lo que ideé. 

Y ahí me quedé, viendo al vacío durante medio día. Regresé a nuestra casa al día siguiente, tus cosas ya no estaban, la cama estaba tendida y no encontré ni siquiera una nota aclaratoria. ¿Cuándo fue que todo se salió de mi control?

Hoy, tres años después, sigo intentando descifrar tu adiós. El juego patológico dejó de funcionar de repente y yo no tenía más que ofrecerte, aún no sé qué es lo que quieres. No puedo regresar a la vida que tenía antes de ti, a las relaciones hedonistas y vicios que las complementaban; no puedo continuar en una vida sin ti, aprendí a estar contigo en las buenas y en las malas.

De no ser por esa noche no hubiera comprendido mi inestabilidad, mis inseguridades que me empujaron a dejarte ir porque sabía que merecías algo mejor. Ahora intento serlo, puedo prometerte un cambio real y te he suplicado que regreses de todas las maneras que puedo, pero sé que si lo haces todo se repetirá, caería en los mismos errores que no tienen consecuencias. Y vivo en la paradoja de ser la mejor persona que soy sin ti (para ti) o ser la feliz persona que soy contigo.

martes, 24 de agosto de 2010

Pensaba y pensando se me fue la madrugada. Giraba y me enojaba con mi almohada, la aventaba para luego apresurarme para abrazarla y pedir disculpas, es como si tuviera vida; la verdad me alegra que no sea así, si no sabría tanto de mí que sería un peligro.

Pensaba y me acercaba a la ventana con la ilusión de que al ver todo tranquilo afuera me motivara a dormir, pero sólo escuchaba el viento golpear las ramas de los árboles, un leve silbido que se inmiscuía por mi ventana y eso bastaba para imaginar mil historias de sus caminos ¿cuántas personas no estarían igual que yo viendo a la ventana en mi calle, en la colonia o en el país? Tantos pensamientos y tan pocas respuestas.

Y me recosté de nuevo, esperando por fin calmar las voces que mi pensamiento dirige (comienzo a pensar que es al revés). La mirada es muy perdidiza, suele enfocarse y dejar de enviar información al occipital, o mejor dicho ya no le tomo importancia y me pierdo en las ideas.

Quisiera que estuvieras aquí. Sé que no necesariamente estaríamos hablando, quizá estarías ya durmiendo, pero me gustaría verte de nuevo con esa calma que inspira tu cuerpo dormido, sólo acariciaría tu espalda y me pasarías parte de tu tranquilidad.. tal vez murmurarías algo, tal vez sólo suspirarías y ahí estaría yo para escucharte, para ilusionarme con la idea de que sueñas conmigo. Para sentirte en la oscuridad.


Pensaba y pensando se me fue la noche, ya era de mañana y al fin pude dormir.

sábado, 1 de mayo de 2010

En la esencia

Una moda que surgió de la red social más difundida en el mundo facebook actualmente me hizo buscar en mis viejos álbumes entre las imágenes de mi infancia para añadirlas al perfil, mi cara al mundo.

Es extraño pensar en todo lo que ha cambiado (tanto en mí, como a mi alrededor), aunque cada 'cambio', por decirlo así, no es más que una respuesta lógica a factores causales que ocasionan estas nuevas formas de ver la vida, de actuar en ella y de adaptarla para nosotros. Bien lo dice la canción, soy rebelde porque el mundo me hizo así, ¿cierto?

Sí ahora me gusta más el rojo que el azul tal vez es porque lo vistió alguien importante en un momento importante; si prefiero los sabores dulces es por los anclajes que estos tienen; si prefiero la montaña al mar tal vez es que en el frío todo tiene más sentido. Cada preferencia es resultado de experiencias que me marcaron en un momento determinado.



Pero en esencia, somos los mismos. Soy la misma.

Lo he dicho, somos en realidad una estructura osea forrada de plastilina. Cada persona que nos encontramos en nuestro camino de vida va añadiendo un poco de su plastilina al contactarnos, de la misma forma como nosotros dejamos una parte de nosotros en su cuerpo. Por eso crecemos y adoptamos distintas posturas, gestos, palabras; porque el peso de algunos contactos tiene más relevancia que otros.



Y vamos aprehendiendo de la esencia de cada persona, de algunos más que otros; sin embargo, bajo todo lo que se nos ha añadido, seguimos siendo nosotros, esa pequeña escultura dispuesta a la lucha del día a día. Los cambios son meramente superficiales... ninguno rasca en lo profundo. Soy la misma niña con ojos abiertos, esperando por alguna sorpresa, con una sonrisa que no teme mostrarse y que al hablar intenta decir la verdad.


 Por ello agradezco permanecer con ciertas actitudes que cualquiera tacharía de infantiles, soy yo, sin bajar la frente. Sólo inflando el chicle esperando que truene. Todo truena.






Imagen 1. Chica fiesta. Desde pequeña se me veía lo happy. Tomada por mi madre.
Imagen 2. De coqueteadas. Tomada por mi madre.
Imagen 3. Sorpresa. Lo que me sobra de ojos lo tengo en esperanza. Tomada por mi madre.
Imagen 4. Chica chiclosa. En el tutelar así me dijo una secretaria. Autorretrato.

domingo, 24 de enero de 2010

Ideas

Me gusta dormir con la ventana abierta. Es cierto que soy friolenta y ante cualquier brisa sale lo nena que hay en mi y me quejo. Pero me gustan los cambios repentinos, creo que hasta el agua estancada se apesta -aunque el agua estancada da vida.

Sueño contigo, no en tu totalidad, pues es un cocktail de imágenes que dispersas forman una historia de repeticiones únicas. Por lo regular salen tus labios cuando sonríen. Salen tus ojos, es una rara mirada las que encuentro , no te la he visto aquí fuera de mis párpados cerrados. Sale tu silueta, ciertas partes que dibujaron mis manos y repiten patrones en ocasiones al aire... y así mi inconsciente me indica que tú eras aquella pieza que encaja en su rompecabezas infinito.

 Si volteo a otro lado (que no tengo necesidad, pero ya sabes que la gente hace locuras) me doy cuenta que hay más elementos oníricos, imágenes que robé de la realidad para mis representaciones, y con ellas podríamos formar tantas historias y tal vez nadie las comprendería.

Me gusta soñar, porque sé que al despertar sonrío, sea cual fuese el sueño; si es una pesadilla por notar que no es real, si es contigo, por imaginar que lo fue.

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Es extraño que piense en lo que no puedo cambiar y me siga frustrando. Es extraño también que lo que puedo modificar lo dejo para después. Más extraño aún que me complazca en evitar lo prioritario.

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Soy una pequeña caja, no creo ser un cubo perfecto, en realidad tengo incontables lados (algunos que aún no me encuentro)... no sé siquiera si todos están unidos, pero están y me forman. Sólo sé que cada uno es único y van girando, no doy una sola cara (aprende de mí luna), pero diario sale el lado indicado, hasta para cometer errores.

Algunos he de presumir son lindos. Otros, hago lo posible por guardarlos, pero soy una caja y en ocasiones desde cierta perspectiva se llegan a ver.

No sé en realidad qué guardo. Debo aceptar que dejo que viertan en mí parte de lo que quieren compartir, no acepto desechos, aunque, sin darme cuenta, algunos han intentado saciarme de ellos. Suelo desintoxicarme, pero no depuro todo lo que podría. Soy una caja y a veces me siento vacía, a veces llena.

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Me gusta dormir con la ventana abierta.  Porque cuando cierro los ojos imagino que escapo de mi un rato y por ella me salgo, te visito y tú también escapas un rato, conmigo. Y te conviertes en algo más que un sueño.

Eres el mejor anclaje que pensé tener.